UN PARTIDO EN CRISIS: ENTRE LA NEGACIÓN Y LA URGENCIA DEL CAMBIO
Por: Héctor Peña Véliz

La situación actual del Partido Socialista es preocupante. Lejos de ser una percepción aislada, representa una realidad que muchos militantes han advertido desde hace tiempo. Sin embargo, las sucesivas direcciones han optado por minimizar el declive, interpretando cada derrota electoral como un triunfo parcial o relativo en comparación con los demás. Pero los hechos son contundentes: la votación del partido ha caído del 10,5 % a menos del 5 %, si no se consideran los votos obtenidos por candidatos independientes que han llevado su bandera.
Esta pérdida de representación no es solo un fenómeno electoral. Mientras otros partidos políticos, con menos años de existencia, han logrado consolidar una mayor base de militantes y parlamentarios, este continúa atrapado en una inercia peligrosa. Aunque la administración actual ha logrado frenar la caída en algunos aspectos, el deterioro sigue siendo evidente: desde 2010 hasta la fecha, su patrimonio líquido ha disminuido en un 80 %.
Pero la crisis no es únicamente financiera, sino también estructural. En la mayoría de las comunas del país no existe una orgánica socialista activa, las secretarías nacionales no funcionan y las comisiones han quedado prácticamente en el olvido. La institucionalidad y su correcto funcionamiento no parecen ser una prioridad para quienes hoy controlan el partido, lo que se traduce en una desconexión alarmante con la ciudadanía. Un caso emblemático es el del Departamento Nacional Sindical, que no se ha reunido ni una sola vez desde su elección en la Conferencia Nacional Sindical hace más de cuatro años.
Este debilitamiento de la institucionalidad también ha reducido la participación del partido en espacios de representación popular y en organizaciones sociales de base, alejándolo de las verdaderas demandas y luchas que deberían estar en el centro de su acción política.
La raíz de esta crisis es clara: el partido ha sido capturado por grupos de interés que han reemplazado las ideas y principios que deberían guiar su accionar por intereses corporativos. Mientras esta lógica se mantenga, será difícil revertir el rumbo.
Es fundamental asumir esta realidad con honestidad y tomar decisiones que permitan recuperar la esencia del partido. No puede seguir justificándose el estancamiento ni aceptarse que la mediocridad se normalice. Se hace necesario abrir espacios de debate real, fortalecer la institucionalidad y, sobre todo, reconstruir los lazos con la sociedad. Solo así será posible superar la crisis y retomar el camino que alguna vez convirtió a este partido en una fuerza política relevante y transformadora.
