EL AVANCE DE LA EXTREMA DERECHA Y LA CRISIS DEMOCRÁTICA GLOBAL
Noviembre de 2024

La figura de Donald Trump representa mucho más que los efectos visibles en la política interna de Estados Unidos o el impacto de su liderazgo en temas ambientales, geopolíticos y económicos a nivel global. Para comprender su éxito, debemos indagar en la esencia de su estrategia.
Una hipótesis, sugiere la consolidación de un modelo de liderazgo que combina demagogia empresarial con el dominio de las redes de comunicación globales, consolidando una suerte de plutocracia moderna. Como lo definió Steve Bannon, exjefe de estrategia de Trump: los medios son la oposición real, y la
estrategia para enfrentarlos es simple pero contundente: “inundar la zona con desinformación”. Esta visión de derribar las instituciones tradicionales ha sido adoptada por políticos de derecha e izquierda en todo el mundo.
Elon Musk, un poderoso oligarca con una inmensa influencia sobre las redes sociales, ha contribuido a consolidar esta mentalidad. Musk ha sugerido que las “privaciones temporales” a las que podrían verse sometidos los norteamericanos —un Estado menguante sin redes sociales de protección— ofrecerán prosperidad a largo plazo y eterna.
A nuestro parecer, ha triunfado una oligarquía autoritaria, fundada en la combinación de la demagogia política y empresarial sustentada por vanidades, fanfarronería, decadencia social y ansia de venganza, “con el telón de fondo del hambre de poder, riqueza y fama” sobre la base de simplificaciones burdas, alarmismo, falsedades, risas fáciles e insultos con epítetos vulgares que se repiten en sus discursos. Los pilares del primer gobierno de Trump resurgieron en su reciente campaña y las medidas que ha prometido implementar en este nuevo mandato tienen como fundamento el racismo, el machismo y el autoritarismo. Como dice un analista, “Gana una manera de entender la vida en donde los adversarios son enemigos; la realidad una creencia; el Estado un lastre; y la vida una competición descarnada y sin contrapesos en la que el mérito no define el éxito. Gana un estilo, un modo de ser y de vivir. Una identidad”.
Argentina ofrece un ejemplo cercano con el ascenso de figuras como Javier Milei, que comparte este estilo y mentalidad.
CHILE Y UNA CLASE POLÍTICA INFANTILIZADA
El caso de Chile, no es ajeno a esta crisis de liderazgos. Más allá de los desafíos económicos, la inseguridad creciente, el alejamiento de los intereses ciudadanos, el no implementar, en tiempo y forma, la gestión pública, etc., tienen un problema de fondo: una clase política infantilizada.
El panorama de la política nacional muestra figuras que parecen adoptar comportamientos y actitudes típicas de adolescentes. La inmadurez se manifiesta por ejemplo en las campañas electorales, donde vemos a los políticos sumarse al último reto de TikTok, más preocupados por bailar que por proponer ideas.
En paralelo, las tramas de las películas de superhéroes son cada vez más simplistas, y hasta la delincuencia actúa como adolescentes caprichosos. A nivel local, el fenómeno se resume en una frase: posar en vez de pensar, algo que se ha vuelto tristemente común.
Por otra parte, los partidos políticos enfrentan un proceso de “jibarización” que ha reducido su capacidad como su relevancia, limitándose a proteger a los seguidores más leales, ignorando por completo el bien colectivo. Este fenómeno se amplifica con la edad y los recursos, reforzando una tendencia hacia la egolatría, el narcisismo y la falta de conexión con la realidad. En definitiva, muchos políticos parecen huir de las responsabilidades propias de la adultez. Esta dinámica se observa en una serie de prácticas, un ejemplo evidente es la fragmentación de partidos que, en la práctica, operan como sectas cerradas y excluyentes, casi con el letrero de “Prohibido el ingreso. Recinto privado”.
Una Alerta a la Democracia
La situación es clara y preocupante: la extrema derecha avanza, desmantelando la democracia desde dentro, mediante procesos democráticos. Con cada paso de esta tendencia, la capacidad de implementar políticas orientadas al bien común disminuye, erosionando la misión esencial de la política.
La polarización se intensifica, y la democracia pierde terreno ante modelos autoritarios que prometen respuestas rápidas, aunque vacías de justicia y sostenibilidad.
Entonces, ¿existe una salida? ¿Hay un camino posible para revertir esta situación?
Si realmente queremos cambiar el rumbo, presentamos dos alternativas. La primera, difícil pero necesaria, lograr que quienes impulsan estos movimientos reconozcan la gravedad de la situación y apuesten por políticas de unidad. Sin esta visión, cualquier esfuerzo quedará en el vacío.
La segunda opción es crear un espacio político independiente, respaldado por una base interna sólida, que defienda activamente la democracia. Para ello, debemos construir una nueva base analítica que responda a los desafíos actuales del país y permita tomar decisiones en beneficio del bienestar común. Es hora de rescatar el papel de los intelectuales orgánicos como nodos de pensamiento crítico y de conexión entre el análisis y la acción.
Además, es esencial fomentar espacios políticos plurales y diversos que combinen experiencia y liderazgos emergentes. Esto implica involucrar a trabajadores, líderes comunitarios y representantes elegidos en la construcción de una política realmente conectada, efectiva y comprometida con los intereses de las grandes mayorías.
El gran desafío radica en identificar con quiénes se realizarán estos cambios e identificar a quienes están dispuestos a asumir está gran responsabilidad con la complejidad que ello exige.
Sin este esfuerzo genuino por cambiar el rumbo, el futuro de nuestras democracias es incierto. De no hacerlo y como dijo alguien, “recen lo que sepan”.
Coordinación Nacional RS
