RESPUESTAS INDIVIDUALES A PROBLEMAS COLECTIVOS

La democracia chilena se ha construido en sus más de 200 años de historia en el diálogo y la mesura. Más allá de las diferencias programáticas, de métodos, sistemas o ideológicas, el sistema político chileno ha dado muestra de robustez a partir de

partidos políticos fuertes, capaces de parlamentar y llegar a acuerdos amplios que den estabilidad política a un país, salvo por dolorosos quiebres institucionales, donde mayoritariamente ha prevalecido el diálogo democrático.

Sin embargo, hoy vivimos un momento político distinto. El escenario actual ha sufrido una atomización interna, que ha llevado a la proliferación de partidos políticos pequeños e identitarios que apuntan solo a un nicho del electorado que les den representatividad popular. Y al mismo tiempo hay otros conglomerados, que, a partir del financiamiento estatal, han encontrado en las elecciones populares un mecanismo para financiar pymes y que con la misma velocidad meteórica que nacen, mueren.

Por ello, la información que entrega por SERVEL que más de un centenar de personas buscan conseguir los más de 35.361 patrocinios para llegar a la papeleta de noviembre con una candidatura independiente a la presidencia de la república, es un síntoma complejo de este proceso de dispersión que vive la democracia chilena.

Donde para muchos la respuesta a los grandes desafíos que vive el país es individual y no colectiva. Donde se fortalecen liderazgos mesiánicos, que a partir de una retórica incendiaria buscan construir adhesión, creyendo que un like o un comentario en redes sociales significa intención de voto.

Esta sintomatología confirma que el momento que vivimos es de la mayor responsabilidad democrática posible, para quienes creemos que es necesario para la gobernabilidad del país una democracia fuerte y amplia. Debemos ser capaces de colaborar con la mayor voluntad y compromiso para salir de este difícil momento, que parece ser caldo de cultivo para individualismos sin sentido y que solo garantizan inestabilidad democrática en el corto plazo.

partidos políticos fuertes, capaces de parlamentar y llegar a acuerdos amplios que den estabilidad política a un país, salvo por dolorosos quiebres institucionales, donde mayoritariamente ha prevalecido el diálogo democrático.

Sin embargo, hoy vivimos un momento político distinto. El escenario actual ha sufrido una atomización interna, que ha llevado a la proliferación de partidos políticos pequeños e identitarios que apuntan solo a un nicho del electorado que les den representatividad popular. Y al mismo tiempo hay otros conglomerados, que, a partir del financiamiento estatal, han encontrado en las elecciones populares un mecanismo para financiar pymes y que con la misma velocidad meteórica que nacen, mueren.

Por ello, la información que entrega por SERVEL que más de un centenar de personas buscan conseguir los más de 35.361 patrocinios para llegar a la papeleta de noviembre con una candidatura independiente a la presidencia de la república, es un síntoma complejo de este proceso de dispersión que vive la democracia chilena.

Donde para muchos la respuesta a los grandes desafíos que vive el país es individual y no colectiva. Donde se fortalecen liderazgos mesiánicos, que a partir de una retórica incendiaria buscan construir adhesión, creyendo que un like o un comentario en redes sociales significa intención de voto.

Esta sintomatología confirma que el momento que vivimos es de la mayor responsabilidad democrática posible, para quienes creemos que es necesario para la gobernabilidad del país una democracia fuerte y amplia. Debemos ser capaces de colaborar con la mayor voluntad y compromiso para salir de este difícil momento, que parece ser caldo de cultivo para individualismos sin sentido y que solo garantizan inestabilidad democrática en el corto plazo.

Por ello estamos convencidos que el mundo progresista debe confluir con rapidez de cara a una primaria presidencial en junio. Una que permita precisamente construir una plataforma política amplia que viabilice no solo ser competitivos de cara a noviembre, sino también, dar una señal que la democracia se fortalece con democracia y la unidad no se pide, sino que se construye.partidos políticos fuertes, capaces de parlamentar y llegar a acuerdos amplios que den estabilidad política a un país, salvo por dolorosos quiebres institucionales, donde mayoritariamente ha prevalecido el diálogo democrático.

Sin embargo, hoy vivimos un momento político distinto. El escenario actual ha sufrido una atomización interna, que ha llevado a la proliferación de partidos políticos pequeños e identitarios que apuntan solo a un nicho del electorado que les den representatividad popular. Y al mismo tiempo hay otros conglomerados, que, a partir del financiamiento estatal, han encontrado en las elecciones populares un mecanismo para financiar pymes y que con la misma velocidad meteórica que nacen, mueren.

Por ello, la información que entrega por SERVEL que más de un centenar de personas buscan conseguir los más de 35.361 patrocinios para llegar a la papeleta de noviembre con una candidatura independiente a la presidencia de la república, es un síntoma complejo de este proceso de dispersión que vive la democracia chilena.

Donde para muchos la respuesta a los grandes desafíos que vive el país es individual y no colectiva. Donde se fortalecen liderazgos mesiánicos, que a partir de una retórica incendiaria buscan construir adhesión, creyendo que un like o un comentario en redes sociales significa intención de voto.

Esta sintomatología confirma que el momento que vivimos es de la mayor responsabilidad democrática posible, para quienes creemos que es necesario para la gobernabilidad del país una democracia fuerte y amplia. Debemos ser capaces de colaborar con la mayor voluntad y compromiso para salir de este difícil momento, que parece ser caldo de cultivo para individualismos sin sentido y que solo garantizan inestabilidad democrática en el corto plazo.

Por ello estamos convencidos que el mundo progresista debe confluir con rapidez de cara a una primaria presidencial en junio. Una que permita precisamente construir una plataforma política amplia que viabilice no solo ser competitivos de cara a noviembre, sino también, dar una señal que la democracia se fortalece con democracia y la unidad no se pide, sino que se construye.Por ello estamos convencidos que el mundo progresista debe confluir con rapidez de cara a una primaria presidencial en junio. Una que permita precisamente construir una plataforma política amplia que viabilice no solo ser competitivos de cara a noviembre, sino también, dar una señal que la democracia se fortalece con democracia y la unidad no se pide, sino que se construye.